Belleza robada 2015

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Belleza robada Nadie como un artista puede robar la belleza, ni siquiera el tiempo, que no reproduce ni crea, únicamente arrebata de forma impersonal, sin concesiones ni amor. El artista roba la belleza como nadie porque la descubre y asimila la desde la más tierna niñez. El pecho universal de distintos maestros permite al artista canalizar sus sentimientos e ideas hacia el horizonte de su madurez. En el caso del artista, un acto tan amoral como el robo adquiere tintes épicos: el artista le ha robado la belleza al mundo para construir su propia civilización interior. No se trata de catedrales, sino de galaxias completas. Robar la belleza a través de los sentidos para reinterpretar la realidad creando, robar la belleza a los clásicos del siglo XIX para recrear escenas de un pasado diluido por las desdichadas estirpes que siguieron a una algarabía de putas, beodos y vividores de todas las raleas: eso es exactamente lo que hace Carlos Prieto siguiendo la estela de las luces que le entregaron al ARTE, con mayúscula, y que hoy conserva en cada cuadro o carboncillo que trabaja con el tesón del aventurero joven que un día decide recorrer la senda de lo desconocido y acaba convirtiendo su existencia en el trabajo más feliz de todos y amoroso de todos. Carlos Prieto trabaja fiel a su estilo, el de aludir modas y creer siempre en las señas del corazón. Roba belleza del pasado para revivir unos años de decadencia y despilfarro espiritual avalado por incontables litros de absenta y cigarrillos suficientes para enterrar a una generación. Roba, paladea, digiere y luego expulsa transformando recuerdos y sensaciones un delicadas mujeres y caballeros golpeados por su propia depravación. Su trazo posee la energía del soñador joven que se mide con el tiempo rehaciendo lo que éste destruyo hace siglos: es una tarea dura, la subvenciona el amor más puro imaginable. De ella nace una serie de pinturas y carboncillos espléndidos, clásicos, perfectamente ejecutados y dotados de un aire místico que recuerda otro siglo lleno de glamour y oscuridad a partes iguales. Prieto remata la nueva etapa de su carrera con sus “Times”, collages que no parecen sino contemplar a su creador instándole a tomar una copa con ellos mientras fuman un puro para celebrar el robo perfecto: el de la belleza.

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